Érase una vez, yo, es decir, Caperucita Azul, en medio de un bosque tenebroso por el que me habían prohibido explícitamente caminar y, por el que, precisamente porque me lo habían prohibido, disfrutaba de un stendhaliano paseo.
Respirando la oscuridad, he aquí que me encuentro al lobo, bastante desmejorado -pensé- desde que los despiadados cazadores de los Grimm lo abrieron en canal para sacar a la abuelita, que total ya no gozaba de buena salud y -entre nosotros- estaba punto de espichar.
Saludé al lobo y le hablé de aquellos maravillosos tiempos del cuento popular o de la versión de Perrault, en los que generalmente acababa con la barriga llena y a nadie se le ocurría hacerle vomitar su almuerzo directamente por el estómago. Lo vi contento, con un halo de nostalgia que se deslizaba en forma de baba por sus enormes colmillos amarillos.
Antes de despedirme le di la tarjeta de mi odontólogo, la dirección de un par de abuelitas pesadas y le hice un streaptease en honor a aquel cuento nivernés que recogió Achille Millien a finales del siglo XIX. Hacía un frío desgarrador así que no cedí y me dejé la caperuza, por lo cual el lobo se sintió burlado y me dejó de hablar.
Continué algo irritada por aquel sendero serpenteante cuando, de pronto, me pareció ver a lo lejos un incesante ir y venir de caperuzas de colores. Todas con una marcha segura, sin miedo de andar por el bosque, a esas horas… Me coloqué detrás de un árbol, para observar mejor el arcoiris de mujeres y fue entonces cuando los vi. Estaban todos con los ojos muy grandes (para vernos mejor), con las orejas muy grandes (para escucharnos mejor), y con los brazos muy grandes (para agarrarse mejor a los árboles). Sí, estaban allí, muertos de miedo, salivando hasta encharcar el bosque, pero sin atreverse a poner una pata en el suelo.
La imagen de tanto lobo asustado me dio sueño, así que me abandoné a un largo bostezo y decidí regresar a casa, sin visitar a ninguna abuela, un poco enfadada con Fromm, y resuelta a crear un blog en el que podáis comprobar cómo ha cambiado el cuento…
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13 comentarios:
¡Te adoro!
Sabes que tú, mi Caperucita Verde, fuiste mi inspiración, así que supongo que es fácil de adivinar lo que yo te adoro...
querida"volada"no hay lobo que no acabe asustado contigo...normal que te diera sueño y acabaras cabreada con fromm,tendrías q haber ido en busca de Morefeo y pasear por su campo de amapolas.un beso.
Heidi, ya sabes que Morfeo y yo nunca conseguimos llegar a un acuerdo. Me pregunto si por eso de que no he visto las amapolas somníferas mi caperuza es azul y no roja. Apuesto a que Fromm tendría algo que decir sobre todo esto...
¡¡¡Mucho ánimo con el blog, chicas, es lindísimo!!!
(En cuanto vi que esto era en plan caperucitas de colores ya supe que la tuya era la azul. El cuento cambiado me gustó casi tanto como las piernas de la autora).
Oh, gracias en nombre de todas, te mandamos un beso verde, otro rojo, otro púrpura, otro amarillo, otro naranja... y por supuesto uno azul azulísimo (de parte de Caperucita Azul y de sus piernas).
Vuelve siempre que puedas, te aguardaremos...
Volaremos juntas lo más alto posible. Para siempre, ¿verdad?
Estoy jugando solo al parchís. Me entreno tirando el dado, pero no muevo mis fichas... Falta alguien que mueva la ficha azul del coraje, del mar que no mira atrás al rozar la arena... E imagino la sutil ternura de tu risa bajo la caperuza azul que desato agazapado en tus rodillas... Cuenta veinte.
Hola! Soy Mujercita me ha encantdo el cuento me doy la bienvenida a mí misma a tú cuento llena de imaginaciones.
Mi Caperucita Azul, mil gracias por crear este espacio mágico dónde poder dar rienda a suelta a nuestros sentimientos, por hacernos sentir especiales a todas y cada una de nosotras.
Eres increíble!!!
Luna, gracias a ti (y a todas ustedes) existe este lugar. Soy muy afortunada por tenerlas a mi lado.
Cúrate ese resfriado, porque te necesitamos en clase, necesitamos tu sonrisa y tu buen humor.
Te quiero
Gracias por prestarnos tus alas para volar juntas en este bonito sueño. Te quiero
Despertartardío: (Parafraseando a Cervantes) ¿Volar ha dicho usted? ¡Pues ha dicho bien! ¿Juntas ha dicho usted? ¡Pues ha dicho bien!
Mujercita: Amarilla, gracias por compartir nuestra casa y crecer con nosotras.
Elquenuncafueamadoporlosdioses: He sacado mi tablero y me ha sorprendido su juego. Yo muevo mis fichas en busca de los "seguros" y es que, con la caperuza en sus manos, usted siempre alcanza mis casillas...
Compartiendo un sueño: Mis alas al sol, de pronto, adquieren reflejos sonrosados. Ya volar no será lo mismo sin usted.
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