14/10/08

LA VENGANZA DE CAPERUCITA NEGRA


Han pasado muchos años, muchos colores y muchas generaciones de Caperucitas hasta llegar a mí. Al nacer, mi madre me llamó Caperucita Roja en honor a mi tatarabuela, pero poco tiempo después se dio cuenta de que yo no era como las demás Caperucitas. Odiaba los colores y sobre todo esas caperuzas tan tradicionales en mi familia. Así que un día cogí la caperuza roja que era de mi tatarabuela y la teñí de negro, me la puse y me sentí muy especial, como si un extraño ser se hubiera apoderado de mí. Y en el barrio empezaron a llamarme Caperucita Negra, no sólo por el color de mi caperuza, sino por mi afición al espiritismo y a las películas de terror.

Han sido muchos los que han amasado grandes fortunas y se han rodeado de fama y grandes placeres a costa de mi familia. Sí, te hablo a ti Perrault, a vosotros hermanos Grimm, a esos psicoanalistas que creéis que lo sabéis todo. Escondéos allá dónde estéis, porque ha llegado una nueva generación de Caperucitas sedientas de venganza.Y aquí estoy yo, dispuesta a salvar el honor de mi familia, de mi tatarabuela Caperucita Roja, de mi bisabuela Caperucita Púrpura, de mi abuela Caperucita Amarilla y por último, pero no menos importante, de mi madre Caperucita Azul. Todas han intentado llevar una vida normal, cuidar lo mejor que podían a la abuela y llevarse bien con el lobo. Pero con los hombres ya se sabe, su honor y su hombría está por encima de todo. Pero ha llovido mucho, querido Perrault, desde que insinuaste que las Caperucitas éramos niñas indefensas que debíamos cuidarnos de los lobos del mundo. Pues mira por donde, te hemos hecho caso y juro que jamás un lobo se interpondrá en nuestro camino. Aquí comienza mi venganza…

Este verano alquilé una cabaña cerca del bosque, pues hace años que mi familia, atemorizada, había huido a la ciudad. En todo ese tiempo hice mis pesquisas y averigüé que aún quedaban descendientes del lobo que atemorizó a mi tatarabuela. En concreto había uno, un chulo de bosque, que se hacía llamar Wolf "El terror de las nenas". ¡Pero por favor! ya os podéis imaginar a semejante personaje, con su pelo engominado, chaqueta de cuero con cuello subido (a lo Danny Zuko en Grease) y Malboro en mano.Esa imagen quedará grabada en mi memoria por el resto de mis días, como la peor de mis pesadillas. Lo que no sabía el chulito de Wolf, es que se me había ocurrido una gran idea.
No es difícil de imaginar qué tipo de chicas le gustaban a ese niñato, así que me puse manos a la obra. Volví a la ciudad, y me dirigí al centro comercial, estuve horas viendo escaparates y por supuesto comprando lo que sería mi nuevo atuendo a partir de ese momento. Regresé al bosque y empecé a preparar mi nuevo personaje.
Todas las tardes Wolf solía ir a un pequeño lago en el que se reunían los jóvenes del lugar a hacer botellón y a practicar sus técnicas de ligoteo. No fue difícil integrarme en ese grupo de adolescentes de hormonas revueltas. Me vestí para triunfar y triunfé. Caminé con paso firme tras unos minutos de observación detrás de un árbol, y todos volvieron la vista hacia mí. Mi minifalda a cuadros, mi camisa blanca desabrochada hasta el canalillo y mis calcetines a media pierna, habían causado estragos en las hormonas de todos los presentes y la envidia de todas las presentes. Y como no, Wolf "El terror de las nenas" se había quedado boquiabierto. Sabía que no iba a poder resistirse ante mi look de colegiala, pues la inocencia que representaba el atuendo unido al toque cañero y provocador, despertaban en él los más tórridos deseos propios de su especie y de sus antepasados.Fue el primero en acercarse a mí, como si todos los demás supieran que él era el jefe, y una chica como yo, sólo podía estar con él. Se dirigió a mí con un saludo propio del chulo de barrio que espera que te derritas ante sus pies, y yo le seguí el juego. Tras varios días de coqueteo continuo y de soportar a aquél charlatán, decidí pasar a la acción, pues "El terror de las nenas" no iba a aguantar mucho tiempo más sin ponerme la zarpa encima.

Ese fin de semana, se celebraba una fiesta en el lago, con botellón y fuegos artificiales incluidos, el lugar perfecto para que mi venganza empezara a tomar forma. Me puse un vestido negro muy sexy, unas botas altas de tacón y mi caperuza negra. Tras largo rato de espera, pues Wolf era el colmo de la impuntualidad, llegó al lugar de la cita. Se quedó pasmado y algo tembloroso, no sé si era debido a mi atuendo provocador o a que la caperuza desenterró recuerdos ya olvidados en su memoria. Me acerqué a él, lo invité a una copa y comenzamos a bailar. Sus manos se deslizaban por todo mi cuerpo en un afán desesperado por devorarme y dejarme sin aliento, pero en ese momento lo detuve. Wolf quiso seguir con su juego, pero le pedí que me acompañara a un lugar más apartado donde pudiéramos dar rienda suelta a nuestros instintos sin que nadie nos molestara. Sin pensárselo dos veces me siguió y al llegar a aquél lugar, noté que su cuerpo temblaba. Lo había llevado a un pequeño cementerio, donde estaban enterradas todas las generaciones de Caperucitas. Las tumbas estaban rodeadas de velas y un viento helado envolvía el lugar. Wolf no se movía, estaba aterrado y pensativo y me preguntó:

- ¿Eres una Caperucita?- dijo con voz temblorosa.
- Sí, lo soy, y en esta noche tan especial nos acompañarán el resto de Caperucitas de mi
familia.
- Pero…¡si murieron hace miles de años!- contestó intentando ocultar su miedo.
- Sí, así es. Pero esta noche pagarás por lo que tú y tus antepasados habéis hecho a las
Caperucitas de todo el mundo.

Y sindejarlo mediar palabra recité:

Caperucitas de todas las generaciones,
Caperucitas de todos lo colores.
¡Salid de vuestras tumbas!
Robad el alma de Wolf
y llevadla hasta las tinieblas,
de dónde no saldrá jamás.

Al girarme, Wolf había empezado a correr como alma que lleva el diablo. Y yo por supuesto, yo no pude evitar reír a carcajada limpia durante un buen rato. Sí amigos, soy Caperucita Negra y me gusta el espiritismo, pero de ahí a que crea en conjuros y maleficios… Que a pesar de que me llamen Caperucita Negra, soy una Caperucita, dulce y bondadosa, y sólo quería dar un escarmiento a Wolf. Espero que tenga pesadillas con nosotras y que durante un tiempo no le apetezca zamparse a ninguna Caperucita.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Me he reído más que tu Caperucita al final del cuento... ¡Temednos lobos del mundo! Absolutamente genial (aunque no esperaba menos).
Te quiero, Luna

Pepitapulgarcita dijo...

Más me ha sorprendido a mí tu imaginación "Negra"... Has captado totalmente mi atención y he explorado tu bosque como si estuviera viviendo tu historia de primera mano...
Me alegra que te hayas quedado prendada de mi señor Wolf. Es tan lindo... Me lo comería a bocados para "conocerlo mejor", jeje...

aprendeconbea dijo...

La luna alumbra en la oscuridad de la noche y hace que veamos las cosas con mayor claridad... Gracias por dar luz a nuestro camino

Scherezade dijo...

Sencillamente genial ¿Qué otro color te hubiera definido mejor?