La madre no sabía ya qué hacer, pues su hijo no dejaba de temblar y ella veía que Nabil estaba a punto de perder el conocimiento de miedo y preocupación. De repente se le ocurrió una gran idea…
Alí, temeroso de que la reina se enamorara locamente de él y morir ahogado, ideó un plan. Pasados unos días y viendo el interés que suscitaba en la reina de hielo, le pidió una cita. La reina aceptó encantada. Cuando Alí llegó a la cita, le dijo a la reina: “Tengo una sorpresa preparada para ti, pero para dar con ella debes seguir una serie de pistas que he ido dejando en varios lugares del castillo. La última pista te llevará hasta el lugar en el que se encuentra tu regalo. Yo te esperaré aquí”. La reina, ilusionada e intrigada, comenzó a seguir las pistas del marinero. Entonces Alí se escapó del reino, lo más rápido que pudo. La reina tardó bastante tiempo en encontrar su regalo. Era una carta escrita por Alí en la que le revelaba sus sentimientos de amor. Al acabar de leerla, emocionada, dijo para sí: “yo también te quiero”, y corrió a reencontrarse con su amado. Pero de repente, un fuego empezó a quemarla por dentro. Sintió como su corazón ardía y se convertía en cenizas. Todo a su alrededor empezó a derretirse, y en poco tiempo se convirtió en agua. El reino quedó destruido en el fondo del mar. Para entonces, Alí había alcanzado la superficie. Subió a su barco, justo en el momento en que sus compañeros comenzaban a descongelarse. Al fin retomaron su rumbo, y todos volvieron a casa sanos y salvos.
Nabil, al escuchar el relato de su madre, recobró el color y dejó de sentir frío. Respiró aliviado y, abrazando a su progenitora, le agradeció la salvación de Alí y, por tanto, la suya propia. Luego se fue a la cama y se durmió plácidamente.
Al acabar el relato me di cuenta de que Mala estaba envuelta en lágrimas. “¿Por qué lloras?”- le pregunté. “Porque esta historia de un amor imposible... me hace pensar en la nuestra. Te quiero tanto… ¡y quiero gritarlo a los cuatro vientos! Estoy harta de verte a escondidas… no aguanto más. Huyamos muy lejos de aquí, juntos, juntos por siempre. Nuestro amor nos dará fuerzas para seguir adelante.”
No podía creer las palabras de Mala, y ahogado por mis lágrimas respondí: “Yo siempre he querido huir contigo, amor mío, pero no podía pedirte que dejaras tu vida atrás por mí. Te quiero tanto, cariño… Nos alejaremos de aquí y comenzaremos una vida juntos, sin esconderlos de nadie.”
Y amándose más que nunca se fundieron en un abrazo que pareció eterno. Al día siguiente hicieron las maletas y emprendieron su viaje.
Y lo que sucedió después... te lo contaré mañana.
Alí, temeroso de que la reina se enamorara locamente de él y morir ahogado, ideó un plan. Pasados unos días y viendo el interés que suscitaba en la reina de hielo, le pidió una cita. La reina aceptó encantada. Cuando Alí llegó a la cita, le dijo a la reina: “Tengo una sorpresa preparada para ti, pero para dar con ella debes seguir una serie de pistas que he ido dejando en varios lugares del castillo. La última pista te llevará hasta el lugar en el que se encuentra tu regalo. Yo te esperaré aquí”. La reina, ilusionada e intrigada, comenzó a seguir las pistas del marinero. Entonces Alí se escapó del reino, lo más rápido que pudo. La reina tardó bastante tiempo en encontrar su regalo. Era una carta escrita por Alí en la que le revelaba sus sentimientos de amor. Al acabar de leerla, emocionada, dijo para sí: “yo también te quiero”, y corrió a reencontrarse con su amado. Pero de repente, un fuego empezó a quemarla por dentro. Sintió como su corazón ardía y se convertía en cenizas. Todo a su alrededor empezó a derretirse, y en poco tiempo se convirtió en agua. El reino quedó destruido en el fondo del mar. Para entonces, Alí había alcanzado la superficie. Subió a su barco, justo en el momento en que sus compañeros comenzaban a descongelarse. Al fin retomaron su rumbo, y todos volvieron a casa sanos y salvos.
Nabil, al escuchar el relato de su madre, recobró el color y dejó de sentir frío. Respiró aliviado y, abrazando a su progenitora, le agradeció la salvación de Alí y, por tanto, la suya propia. Luego se fue a la cama y se durmió plácidamente.
Al acabar el relato me di cuenta de que Mala estaba envuelta en lágrimas. “¿Por qué lloras?”- le pregunté. “Porque esta historia de un amor imposible... me hace pensar en la nuestra. Te quiero tanto… ¡y quiero gritarlo a los cuatro vientos! Estoy harta de verte a escondidas… no aguanto más. Huyamos muy lejos de aquí, juntos, juntos por siempre. Nuestro amor nos dará fuerzas para seguir adelante.”
No podía creer las palabras de Mala, y ahogado por mis lágrimas respondí: “Yo siempre he querido huir contigo, amor mío, pero no podía pedirte que dejaras tu vida atrás por mí. Te quiero tanto, cariño… Nos alejaremos de aquí y comenzaremos una vida juntos, sin esconderlos de nadie.”
Y amándose más que nunca se fundieron en un abrazo que pareció eterno. Al día siguiente hicieron las maletas y emprendieron su viaje.
Y lo que sucedió después... te lo contaré mañana.


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